La estadía Parte 1

La casa había sido un taller de marmolería en sus mejores años. Sus dueños habían hecho la mayoría de monumentos y mausoleos en el panteón francés. El patio de la casa era su sala de exhibición. Hace más de 40 años que la casa estaba abandonada.

Apenas entré y sentí un frío descomunal, nunca había visto una oscuridad tan intensa. Mi vista no es muy buena, pero con el fulgor de la vela se mejoraba un poco. Cuando iba pasando por el patio, se iluminaban los rostros carcomidos de las vírgenes y de los cristos, enmohecidos y desgastados por el paso de los años y por la humedad que reinaba. Daban miedo, sin embargo me confirme que esas figuras celestiales no podían hacer daño aun cuando su aspecto parecía terrorífico.

Al fondo del patio estaba la entrada de la casa, encausada por un paso estrecho; daba la bienvenida un arco desgastado de piedra. A un lado del arco, una enorme bugambilia se levantaba enorme y salvaje con sus ramas espinosas hasta lo más alto de la estructura de una torre. Solo hacía empeorar la obscuridad. Había que tener sumo cuidado al atravesar el arco, ya que si no era así, te podía sacar un ojo fácilmente. Parecía que entrabas a las fauces del mismo Satanás. La piel se me erizó y mi alma se frunció; fría y blanda.

Por fin entré a la casa y se respiraba la humedad y suciedad, me pareció triste que allí había pasado los mejores años de mi niñez. La casa siempre me impuso miedo, pero era un miedo infantil, sólo me mantenía donde me sentía cómodo y seguro, no iba más allá de donde mi miedo me lo permitía. Ahora la situación era distinta, no me sentía cómodo en ningún lado, sin embargo, la moral y el agradecimiento me llevaba hasta allí, al lecho de muerte de mi tía, mi madre putativa que la vida y las circunstancias me dieron.

Entré a su habitación, sólo iluminada por una vela que estaba a punto de terminarse, vi a su gata recostada en la cama, pero no la vi a ella. Escuche una respiración débil y comprendí que estaba bajo las sabanas grises, las levante y me encontré con ella. Una calavera sin carne pudo haber tenido más volumen que ella en su cara. Ni ella ni yo podíamos hablar, el recuerdo me carcomió la lengua, no podía creer que esa mujer fuera la misma mujer empoderada que recordaba. Salieron algunas lagrimas de sus ojos, haciendo brillante el gris de sus corneas, y se hundían en sus arrugas pegadas al cráneo. Era muy hostil el recuerdo, también llore.

Francamente no me gustaba la idea de estar allí más de una semana. Con culpa y dolor, pedía que se muriera antes. Si me concedía el favor, con suerte iba a estar allí un par de días. Su condición era lamentaba.

La misma noche que llegue fue el doctor a ver a mi anciana tía. Me explico que aparte de su vejez, sufría una rara enfermedad que los médicos y científicos jamás habían documentado. Los síntomas eran varios, llagas sin razón, vómitos y reflujo, episodios de narcolepsia constantes, perdida de la razón y lo más raro; actividad nocturna descomunal. El doctor, un viejo un poco más joven que ella, me dijo que tenía que tener supervisión todas las noches, ya que tenía más actividad que en el día. Yo no le creí porque las condiciones en las que estaba mi tía eran irreales, me costaba trabajo que alguien en su situación se pudiera levantar.

En fin. El doctor se fue y me quede solo con ella. Le sirve la cena y la despreció, vómito un par de veces, limpie y me fui a dormir, estaba cansado por viaje. La habitación que ocupe para dormir fue mi antiguo dormitorio, estaba lleno de telarañas y de libro mohosos, el espejo que estaba en la habitación se veía opaco por el paso del tiempo y la falta de limpieza. Me pare delante de él, me puse el pijama y me metí a las sabanas húmedas y mugrosas. Estaba teniendo un sueño ligero, mis pensamiento oníricos me estaban sumiendo en la noche cuando de repente escuche que tocaron mi puerta. Alarmado me levante, abrí la puerta y estaba mi tía tirada en el suelo, se había arrastrado hasta mi habitación. La levante sin ningún esfuerzo y la lleve a su dormitorio, la cubrí con pesadas cobijas con olor a viejo y se quedo quieta. No se podía mover por el peso de las 4 cobijas. Lo hice a propósito. Regrese a la cama, eran las 2:45 de la mañana y estuve dispuesto para dormir.

Amaneció con niebla, abría las cortinas y vi que la hierba estaba cubierta de una ligera capa de hielo. Fui a la habitación de mi tía y me encuentro con que esta acostada con los pies en la cabecera de la cama y completamente destapada. ¿Cómo se quito las cobijas? Eran lo suficientemente pesadas para que su cuerpo decrepito las moviera.

La volví acomodar y la cubrí con las cobijas. Le lleve el desayuno y estaba resignado a pasar todo el día con ella. Después de que termino su desayuno líquido lo vómito. Tuve que limpiar la cama, la levante, la senté en su silla de ruedas y la saque al jardín para que tomara el sol. Le hacia falta. Mientras estuvo en el jardín cambie la ropa de la cama y puse orden en su habitación. Después fui a la cocina, igual de vieja que toda la casa, las tazas de porcelana manchadas de un amarillo asqueroso y rellenas de telarañas y de partículas raras. Lave sólo una para servir mi café, abrí el refrigerador y salió un olor fétido, algo que yo nunca había olido. Lo cerré sin la más mínima intención de investigar que desprendía ese aroma asqueroso. Sólo tomé mi café.

Me levante de la mesa y fui al jardín para recostarla de nuevo en la cama. A través de los cristales opacos vi una silueta extraña, una figura alta con dos masas en cada hombre y brazos extremadamente largos que más bien parecían tentáculos, me atormentaron los pensamientos que cruzaron mi mente, a pesar de que corrí inmediatamente en el camino de mi punto al jardín llegaron dos o tres pensamientos aterradores, y la verdad no estaba lejos de lo que mis pensamientos grabaron en mi mente. Encontré sentada a mi tía en su silla, con su gata sentada en su regazo, un cuervo en cada uno de sus hombros, estos estaban picándole el cráneo arrancando la piel frágil dejando hilos de sangre viscosa entre su cráneo y el pico de los cuervos. Su expresión fue horrible. Jamás la borrare de mi mente.

Este cuento es una serie, por lo que si estas interesado en seguir leyendo, abajo te dejo los links de las siguientes partes.

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